18 de febrero de 2015

Largarse al extranjero o morir en el intento.

De nuevo estoy aquí con un mensaje de ánimo para todos vosotros (cáptese la ironía). 

El otro día (de hecho, ayer) estaba en clase cuando el profesor de "Nuevas formas de trabajo y cambios laborales" nos animó a permanecer en España, porque hemos de luchar para que la situación mejore y parece que esto último depende de nosotros en gran medida.

Pues bien, precisamente no es este espíritu altruista el que me motivaba hace un par de años a desear y afirmar lo mismo: que yo me quedaba en España. Porque, en realidad, el año pasado cambiaron bastante mis expectativas laborales. Cometí el error de salir al extranjero y comprobar lo que sucedía ahí fuera. Y fue entonces cuando me dí cuenta de la gran montaña de mierda que los jóvenes españoles estamos acostumbrados a ver e, incluso, a comernos.


Hace un par de años confiaba en que, tras acabar mi estudios de postgrado, encontraría un trabajo digno decente que probablemente surgiría a partir de las prácticas de máster o algo así, qué se yo. Aunque hoy en día ni siquiera he terminado mis estudios de grado (pero me falta poco, todo sea dicho), sí que siento cada vez que busco empleo que este entorno laboral español está minando mi ánimo y mis ganas de quedarme en el país. 

Hasta hace bien poco pensaba que cada uno tenía la obligación y podía sacarse las castañas del fuego, y no es que hoy no piense lo mismo, pero me da que si tiene que pasar no va a ser en el país donde los técnicos de Recursos Humanos rehuyen el talento cuando lo huelen.

Ayer, un avez más, vi uno de esos programas de "(gentilicio) por el mundo" y no era capaz de imaginar cómo serían las vidas de muchos jóvenes españoles si cambiasen de lugar de residencia. Incluso, me atreví a consultar una página de búsqueda de empleo internacional en la que una oferta afirmaba que haber cursado el Grado en Ciencias Políticas suponía una ventaja. ¿Os imagináis mi emoción al ver tal milagro? Resulta que esa parte de lo que estudio, que nunca jamás he visto requerida en ninguna oferta de ningún portal de empleo nacional, sí que es incluso un punto a favor para determinados puestos de trabajo en el extranjero. ¡Qué locura! Al menos por una vez, podré superar el primer paso del proceso de selección: mi currículum encaja en el perfil solicitado.

Así que este es mi mensaje resumido: echadle un par e inconformaos*. 

Largaos. Largaos al extranjero o morid en el intento.





*Le tomo la palabra inventada a Anxo Pérez, escritor de Los 88 peldaños del éxito y creador de 8Belts.




10 de febrero de 2015

El día que el PIC me hizo llorar.

Muchos de vosotros os estaréis preguntando quién demonios es ese PIC y por qué o cómo consiguió hacerme llorar. Otros tantos sabéis perfectamente de qué o de quién estoy hablando. Sí, vosotros, los carlistas (y no me refiero a los del siglo XIX). Vosotros sabéis quiénes son los del PIC y estoy segura de que también podéis imaginar cómo pueden sacarte las lágrimas hasta hacerte reducir la situación a la siguiente ✌:


Y también sabéis de sobra que los que se esconden detrás del mostrador son algo como...
Por si no se ve, es Red diciendo: "Ugh, people"

☠☠☠
Pero bueno, como no todos tienen la suerte y el honor de conocer la excelencia propia de la Carlos III y de sus empleados, os voy a contar cómo mi paciencia ha conocido límites insospechados en el último mes y cómo mi impotencia tomó el control de mis glándulas lacrimales ayer por la tarde. 

En primer lugar, esto que llamamos el PIC (que suena bien pijo, lo sé) en la Charlie no es más que la secretaría o el servicio de desayuda a los alumnos, profesores y otros. El PIC se compone de unas 87236492 personas que velan por nuestros intereses y que trabajan al unísono. Es decir, como uno sólo. Vamos, que el rendimiento de todos juntos no llega ni al de un sólo empleado corriente y moliente.

El caso es que yo quería un certificado oficial de mis notas, ¿sabéis? Pero resulta que, como estoy solicitando algunas cosas en el extranjero, necesitaba que fuera expedido en inglés. Así que, después de pedir online el certificado (porque, eso sí, tenemos unos medios telemáticos muy locos), envié un correo al PIC para comprobar que mi solicitud se había procesado correctamente y que figurase que quería el certificado en inglés. De hecho, resultó que no se había marcado esa opción pero por supuesto me contestaron que easy peasy, que ya me lo cambiaban en ese momento. ✍

Y vas tú, con toda tu fe en el servicio de la universidad, y te lo crees. Y claro, ya que pagas casi 30€ por la firma de la secretaría, pues quería también (es que quiero demasiadas cosas, pienso) que apareciesen mis notas del primer cuatrimestre en el maldito documento. Porque aparecería mi sobresaliente en Política y Comunicación y porque solicito plaza en un máster de Comunicación, sandeces. Y es que después de solicitar el certificado, en teoría, debes abonarlo en una sucursal y guardar el justificante para que se gestione la expedición del certificado a partir del momento en el que tú entregas el justificante de pago.

El caso es que llamé y llamé y llamé e incluso fui como tres veces a la famosa planta de arriba para hablar con el que podría ser el futuro presidente de la República Independiente del PIC. Quería saber si sería posible tener el documento en tan sólo seis días (en vez de siete), ya que el deadline de mi solicitud era muy próximo. Y todos me dijeron que esperase a que cerrasen las actas para entregar el justificante, porque estaban practicamente seguros de que lo tendría a tiempo. 

...

¡Pues sí! A pesar de que seguro que ya habíais presumido la incompetencia del PIC, estos sí que habían expedido el documento con la firma de la diosa del universo secretaria y todo. Así me lo comunicaron ayer por teléfono ☏, día último para entregar documentación para el máster. Así que toda convencida fui a la aplicación del máster y pagué los noventa y cinco euracos que cuesta que consideren tu candidatura en Sciences Po.
⚖⚖⚖


¿Que cómo me sentó cuando vi que estaba en español? No sé, supongo que el resto de alumnos que estaban por allí y presenciaron el show de mi reacción os lo pueden contar. Fue algo como:

1. Primero pasé por la fase de negación: "Bah, de coña. Seguro que hay una solución, rollo fotocopia de mis notas en inglés. No worries"

2. Larga espera para ver qué mierda le está contando este pobre a la máster comander del fondo de la oficina (a la que oía pero no veía).

3. No reacción ante la negativa de mi sugerencia. "No podemos poner la parte de las notas en inglés y la firma de la secretaria en español porque no es serio". ¿Perdón? ¿Y vuestra ineptitud sí es seria o cómo?

4. Silencio

5. Empiezo a llorar indignada mientras le digo al operario que me ignore.

6. Insinúa que tengo que pagar again por el certificado en inglés. WTF???

7. Grito

8. Me largo con el Certificado en español en la mano y sabiendo perfectamente que lo iba a tener que traducir y falsificar al llegar a casa.

En fin, toda una historia. 
 
No podía pasar de hoy sin dar a conocer esta situación por la que pasé ayer. 

Sé que muchos estaréis pensando que soy una mema llorica pero la impotencia es algo que no puedo ocultar. Resulta mucho peor sufrirlo, os lo aseguro.

✝ Muerte al PIC